La pobreza en Argentina ha experimentado una evolución volátil, con picos cercanos al 50-53% a principios de 2024 debido a la devaluación y alta inflación, seguidos de una reducción reportada al 28,2% en el segundo semestre de 2025, según el gobierno, cosa que no es manifiesta en las calles, y se contradice con estadísticas del sector privado. El impacto principal ha sido una fuerte caída en el poder adquisitivo, aumento de la precariedad laboral y una alta incidencia de pobreza infantil.
Tras el pico de pobreza de más del 50% a principios de 2024, se registró una caída al 28,2% en el segundo semestre de 2025, datos que son controversiales a la realidad que se vive, y son tema de debate social. A pesar de la reducción manifiesta por el gobierno, persisten desafíos estructurales como el aumento de la informalidad y la precariedad laboral, aun cuando el gobierno logro la sanción de la ley de reforma laboral, con un gran debate.
Históricamente, la pobreza afecta con mayor intensidad a los niños, con cifras que han superado el 50% en menores de 14 años.
La inflación ha sido el principal motor de la pobreza, reduciendo la capacidad de compra de los hogares y afectando principalmente a los sectores vulnerables.
La indigencia (personas sin ingresos suficientes para la canasta básica alimentaria) también ha mostrado variaciones, con una reducción al 6,6% hacia finales de 2025, tras un pico anterior.
Existe un intenso debate sobre la sostenibilidad de la baja de la pobreza, con informes que contrastan cifras oficiales con la percepción de una mayor precarización laboral.
La pobreza crónica en el país ha mostrado ser difícil de erradicar, con tasas que rara vez bajan del 25% en las últimas décadas.
Entonces, ¿le creemos a los discursos políticos y a los datos del INDEC, cuando la realidad diaria refleja lo contrapuesto?
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NOTA: LEB




