La crisis económica actual en argentina

La economía argentina en febrero de 2026 atraviesa una fase de estabilización
frágil, caracterizada por una desaceleración de la inflación pero con una actividad
económica que aún muestra signos de desigualdad sectorial.

Indicadores Clave
 Inflación: El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un 2,9% en enero
de 2026, con una variación interanual del 32,4%. Aunque la tendencia es a la
baja, se observa una presión alcista por la reducción de subsidios y el costo
de alimentos.
 Pobreza: Según datos del Gobierno, la pobreza descendió al 26,9% en el
tercer trimestre de 2025. No obstante, mediciones alternativas y críticas
sugieren que el impacto real en el consumo sigue siendo crítico, con
familias altamente endeudadas y dificultades para cubrir la canasta básica.
 Crecimiento: El Banco Mundial y el FMI proyectan un crecimiento del 4%
para 2026, impulsado principalmente por la agroindustria tras el fin de la
sequía. 
Desafíos Pendientes
Los desafíos que el gobierno debe enfrentar este año, se centran en:
Deuda Externa: Este año vencen aproximadamente US$ 12.600 millones entre
compromisos con el FMI y deuda privada.
Mercado Laboral: Persiste un estancamiento en el empleo formal y un aumento de
la informalidad, lo que deteriora la calidad del salario real pese a su leve
recuperación, y una ley de modernización laboral con muchas controversias que
precariza más los plazos de informalidad.
Consumo: La recesión en el consumo minorista continúa siendo un punto de
alarma; se reporta el cierre de numerosos pequeños comercios y una caída en las
ventas de alimentos básicos, y un alza del valor de la canasta básica.  
Para un seguimiento detallado, puedes consultar los informes técnicos del INDEC
aunque en este organismo en los últimos tiempos hubo controversias con los
datos y mediciones, o el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del
Banco Central.

Mientras el mundo libertario vende crecimiento donde existe estancamiento. El
alza anual del EMAE (estimación mensual de actividad económica) que refleja la
evolución mensual de la actividad económica, del conjunto de los sectores
productivos a nivel nacional, explica el arrastre estadístico del último trimestre de
2024 y no por una mejora genuina de la economía. A la vez, la baja de la inflación
se sostiene con anclas recesivas: caída del salario real, atraso cambiario, apertura
importadora y destrucción del entramado productivo.
La ilusión social construida sobre el engaño dura un tiempo, hasta que la
indomable fuerza de las evidencias deja al desnudo el desastre económico que
atraviesa el pais
La economía 2025, la que iba a crecer según dichos de Javier Milei, no mostró
una recuperación genuina. El dato oficial muestra un alza del 4,4% anual en el
Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), pero buena parte de esta
variación se explica por el “arrastre estadístico” de un último trimestre de 2024
favorable. En la medición punta a punta, el año pasado fue de estancamiento y no
cerró en terreno negativo por el avance de los sectores de intermediación
financiera, hidrocarburos, minería y agro. 
También operó “la magia” del INDEC de Marco Lavagna, con una sospechosa
revisión de la serie desestacionalizar del EMAE que afectó a seis meses
anteriores a la publicación de septiembre pasado. Fue un toqueteo de cifras para
eludir una economía en recesión, aunque la mayoría de los actores económicos
no necesitan las estadísticas de Milei para saber que la actividad viene en
pendiente descendente.
Para evitar la confusión deliberada de la amplia red de difusión (mediática y de
economistas), conviene precisar el concepto de “arrastre estadístico”. De este
modo, la tendencia a la exageración de Milei y sus seguidores quedará, por lo
menos, parcialmente neutralizada.
La tarea de desasnar, refiere a, hacer que un gobierno deje de ser ignorante,
mediante la enseñanza, y eso es lo que intentamos trasmitir, aunque como medio
independiente la opinión imparcial de creadores de contenidos puede representar
controversias sociales, que asumimos con una mirada objetiva. Y acá va la
explicación:
El arrastre estadístico es un efecto matemático que ocurre cuando el nivel de
actividad económica al final de un año es superior al promedio de ese mismo año.
Es, en términos simples, una “herencia” de crecimiento que el año entrante recibe
del anterior, incluso si la economía se estanca por completo (crecimiento 0%)
durante todos los meses del nuevo calendario.

¿Cómo funciona la lógica? Para calcular la variación anual del PIB, no se compara
“diciembre contra diciembre”, sino el promedio de los cuatro trimestres de un año
contra el promedio del año anterior (en este caso, con un 2024 que había cerrado
con una caída del 1,7% del PBI). Aunque acá el dato que se discute es el EMAE,
la lógica del arrastre es la misma.
Si la economía viene creciendo con fuerza en el último trimestre —-como ocurrió
en el cuarto trimestre de 2024, con una suba del 2,1%—, el punto de partida para
enero de 2025 ya es muy alto. Aunque la economía no crezca durante todo 2025,
el promedio de ese año terminará siendo más alto que el promedio de 2024,
simplemente porque arranca desde más arriba. Ese es el caso de la economía
argentina en 2025.
Si la economía tiene un arrastre del 4%significa lo siguiente: si durante 2025 se
mantiene estancada en el nivel alcanzado al final de 2024, el dato anual igual
mostrará una suba del 4% respecto del promedio de 2024. Por eso, si el PIB de
2025 termina creciendo 5%, el crecimiento “propio” del año sería de apenas 1
punto; los otros 4 puntos serían arrastre.
Un ejemplo numérico para que sea más claro: un estudiante saca estas notas en
2024: marzo: 2; junio: 4; septiembre: 6; diciembre: 8. Promedio 2024 = 5.
Si en todo 2025 el estudiante se mantiene estable y saca 8 en todos los
exámenes, el promedio 2025 será 8. El estudiante “creció” un 60% (pasó de
promedio 5 a 8) en 2025, aunque su rendimiento no mejoró nada desde diciembre
de 2024. Eso es el arrastre estadístico

Ahora bien, llegó el momento de hablar de las cifras de la
inflación

La sobreactuación del crecimiento no es un episodio aislado. La misma lógica de
exagerar resultados aparece en el otro gran activo discursivo del Gobierno: la
inflación. También ahí conviene ordenar las cifras, separar herencia, shocks y
decisiones propias, y evitar que el relato oficial reemplace al análisis.
Tres de los cuatro trimestres del 2024 fueron negativos como consecuencia de la
megadevaluación inicial del gobierno de Milei, ajuste innecesario en términos
macroeconómicos pero sí funcional para provocar una extraordinaria transferencia
de ingresos regresiva. El 2025 fue de estancamiento real y el 2026 comenzó con
una sucesión de quiebras y despidos generalizados. 
Es notable que, frente a este resultado mediocre, tirando a malo, del programa
económico liberal-libertario, haya cierto consenso entre los denominados
“economistas profesionales” acerca de la “estabilidad macroeconómica” de este
ciclo político.

El principal argumento de esta construcción ficcional de la evolución de la
economía se refiere a la reducción de la tasa de inflación. Como no es obligación
recordar con precisión las cifras de inflación, el mundo liberal-libertario tira
números al voleo para engañar y, fundamentalmente, con un objetivo
eminentemente político: consolidar la idea de que el gobierno de Alberto
Fernández dejó un desastre económico.
Es cierto que no fue un final brillante, pero no fue tan malo como lo muestra el
consenso conservador. No ayuda en nada que se instale una evaluación
equivocada, asumida por propios y extraños, si no aparece una voz que la
interpele, incluido el insólito silencio de más de dos años de Sergio Massa,
ministro de Economía de ese período y candidato a presidente del entonces
oficialismo.
Vamos a detallar cifras:
 El consenso conservador dice que el último gobierno peronista dejó una
tasa de inflación del 200%. No es así, si se distinguen el cierre estadístico
del año y la causa del salto de diciembre. El período que le corresponde a
la gestión Fernández-Massa en 2023, antes del cambio de gobierno, abarca
de enero a noviembre, y el aumento promedio de precios fue de 148,12%.
 Diciembre del 2023, por calendario, integra el dato anual que publica el
INDEC. Pero el alza del 25,5% mensual tuvo su origen en el extraordinario
ajuste de 118% del tipo de cambio oficial dispuesto por el gobierno de Milei
en sus primeros días. Por eso, usar sin más el 211,4% como balance de la
gestión Fernández-Massa es una distorsión analítica: mezcla años de
gestión con un shock ya provocado por la administración siguiente.
 La inflación de enero a julio de 2023 fue de 60,32%, período previo a las
elecciones PASO, con variaciones mensuales del 6% al 8%.
 Fue sorpresivo el competitivo resultado del candidato Milei en esas
elecciones. Sus principales propuestas eran la dolarización y la quema del
Banco Central, afirmando que “el peso es un excremento”. Fue
una invitación a una corrida y a remarcaciones de precios preventivas. Y es
lo que sucedió.
 Desde entonces, con la incertidumbre electoral, la inflación de agosto trepó
al 12,4%, disparada por la devaluación de Massa posterior a las PASO; la
de septiembre fue de 12,7%; la de octubre fue de 8,3%; y la de noviembre
fue de 12,8%. 
El fracaso de Milei
La inflación de los dos últimos años de Fernández se movió en niveles altos y,
antes del salto final de 2023, había rondado el 90% anual, pero sin anclas
antiinflacionarias fuertes (la única relativamente efectiva fue la contención de  las
tarifas de los servicios públicos) y con dos shocks inflacionarios muy severos (uno
externo, la guerra Rusia-Ucrania, que disparó al alza el precio del petróleo y del

gas, en 2022; y otro interno, la sequía más devastadora de la historia, que impulsó
la suba de los alimentos, en 2023).
Es cierto que el ajuste de Milei bajó la tasa de inflación al rango del 30% al 40%
anual, pero lo hizo con potentes anclas antiinflacionarias: caída fuerte del salario
real y atraso del tipo de cambio real, más una recesión que deprime el mercado
interno y una apertura importadora que actúa como moderador de los aumentos
de precios. Esto no constituye una estabilización sólida, sino una desinflación
apoyada en anclas recesivas y transitorias, con costos sociales y productivos cada
vez más visibles. Con otro gobierno, de una fuerza política no conservadora, la
legión de economistas de la city estaría martillando día a día con el concepto
de “inflación reprimida”, que hoy existe pero es ocultada.
Después de poco más de dos años de experimento liberal-libertario, la economía
no muestra signos de recuperación. Por el contrario, la tendencia es de retroceso:
derrumbes sectoriales, quiebras de empresas grandes y pequeñas, despidos,
precarización laboral e incremento de la informalidad. Y si la estabilidad de precios
es fraudulenta y, peor aún, la publicitada “desinflación” viene mostrando una suba
sostenida del 1,5% de mayo al 2,9% de enero; es decir, casi se duplicó la tasa de
inflación en ese período, ¿cómo se puede definir como estabilidad
macroeconómica este programa económico de Milei?
La crisis económica no es una cuestión de partidos políticos, no es una puja de
poderes, aunque todos los políticos lo consideren así; es consecuencia de la mala
administración de políticas de estado de los sucesivos gobiernos, inclusive el
oficialista, dónde los intereses personales parecen ser que están sobre los
derechos de los ciudadanos.

LO QUE ESTIMA LA IA

NOTA: LEB

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