La universidad pública argentina vuelve a ponerse de pie frente a un ajuste que amenaza con desmantelar uno de los pilares históricos del país. Este 12 de mayo, docentes, estudiantes, investigadores y trabajadores universitarios protagonizarán una nueva Marcha Federal en defensa de la educación pública, la ciencia nacional y el futuro de millones de jóvenes que ven cómo el Estado retrocede en áreas esenciales mientras crecen la incertidumbre, la pobreza y el deterioro social.
La protesta no es un hecho aislado. Es la respuesta a meses de recortes, salarios pulverizados por la inflación y universidades que denuncian no poder garantizar siquiera el funcionamiento básico de sus facultades, laboratorios y programas de investigación.
Mientras el Gobierno nacional sostiene el discurso del ajuste “inevitable”, en las universidades aseguran que la realidad ya se volvió insostenible.

Porque detrás de cada recorte no sólo hay números. Hay carreras paralizadas, investigadores abandonando el país, becas que desaparecen y miles de estudiantes que intentan sostener sus estudios en medio de una crisis económica cada vez más brutal. La ciencia argentina, históricamente reconocida en el mundo, hoy enfrenta uno de los momentos más críticos de las últimas décadas.
La Marcha Federal del 12 de mayo también expone una disputa mucho más profunda: qué modelo de país se pretende construir. Uno donde la educación pública sea un derecho y una herramienta de movilidad social, o uno donde estudiar, investigar y formarse quede reservado únicamente para quienes puedan pagarlo.
Desde distintos sectores universitarios denuncian que el ajuste no sólo vacía presupuestos: también busca disciplinar, debilitar el pensamiento crítico y correr del centro del debate a las universidades públicas, históricamente protagonistas de las grandes discusiones sociales, científicas y democráticas de la Argentina.

En las calles volverá a escucharse una consigna que atraviesa generaciones: la educación pública no es un gasto, es una inversión estratégica para cualquier país que aspire a desarrollarse. Sin universidades fuertes, sin ciencia y sin investigación, Argentina corre el riesgo de transformarse en un país cada vez más dependiente, desigual y sin horizonte.
El 12 de mayo no será solamente una movilización universitaria. Será una demostración de
resistencia frente a un modelo de ajuste que, para muchos, ya empezó a golpear no sólo el
presente, sino también el futuro de toda una generación.




