"Dé un paso al costado": la ofensiva de Santilli contra Villarruel expone una guerra de poder que sacude al Gobierno

La interna del oficialismo dejó de ser un rumor de pasillo para convertirse en una batalla abierta por el poder. Las diferencias entre el núcleo duro que rodea al presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel ya no se disimulan: se expresan en declaraciones públicas, recriminaciones cruzadas y un creciente aislamiento político que amenaza con profundizar la crisis interna del Gobierno.

El episodio más contundente llegó cuando el jefe de Gabinete, Diego Santilli, salió al cruce de las críticas formuladas por Villarruel y eligió un mensaje sin eufemismos. Calificó sus declaraciones como “una barbaridad, un disparate y una falta de sentido común”, aseguró que la vicepresidenta “siempre pone palos en la rueda” y remató con una frase que resonó como una advertencia política: “Si no está de acuerdo, que dé un paso al costado, que arme su proyecto y que compita.”

Aunque Santilli no utilizó literalmente la expresión “renuncie”, sus palabras fueron interpretadas en el ámbito político como un pedido para que Villarruel abandone el espacio oficialista si no comparte el rumbo del Gobierno. El mensaje marcó un punto de inflexión en una relación que desde hace meses muestra señales de desgaste.

Lo que está en juego excede un enfrentamiento personal. La disputa refleja una puja por el control político del oficialismo y por la definición de quién conduce el proyecto libertario. Mientras el entorno presidencial exige alineamiento absoluto, Villarruel ha buscado diferenciarse en temas institucionales y de gestión, una postura que la convirtió en blanco de cuestionamientos desde la propia administración.

La confrontación también deja al descubierto una paradoja para un Gobierno que hizo de la “casta” uno de sus principales enemigos discursivos. Hoy, las principales tensiones no provienen de la oposición, sino de las propias filas oficialistas, donde las disputas por influencia y liderazgo ocupan cada vez más espacio en la agenda política.

La incertidumbre crece porque la vicepresidenta conserva un mandato constitucional y un rol institucional de peso. Cada nuevo cruce profundiza la percepción de un oficialismo dividido, donde la disciplina interna parece imponerse como condición para permanecer en el espacio político.

En un contexto económico y social desafiante, la guerra interna agrega un nuevo frente de conflicto para el Gobierno. Más allá de las declaraciones, el interrogante es político: ¿puede una administración sostener su estabilidad cuando las diferencias entre sus principales figuras se transforman en un enfrentamiento público permanente?

Por ahora no hay señales de reconciliación. La ofensiva verbal de Santilli y la respuesta política de Villarruel muestran que la disputa ya no gira únicamente en torno a diferencias de criterio. Lo que se libra es una batalla por el poder, por la conducción del oficialismo y por el futuro de una coalición que enfrenta sus mayores tensiones desde que llegó al Gobierno.

{{ reviewsTotal }}{{ options.labels.singularReviewCountLabel }}
{{ reviewsTotal }}{{ options.labels.pluralReviewCountLabel }}
{{ options.labels.newReviewButton }}
{{ userData.canReview.message }}
Scroll al inicio