"NI UNA MENOS": A ONCE AÑOS DEL PRIMER GRITO QUE DESPERTÓ A LA ARGENTINA Y A LA REGIÓN

El 3 de junio de 2015, el hartazgo ante la violencia machista y los femicidios se transformó en una movilización histórica. A más de una década de aquella jornada, repasamos el impacto y las deudas pendientes del movimiento.

La Plata, Argentina – El reloj marcaba las cinco de la tarde de aquel miércoles 3 de junio de 2015 cuando la Plaza del Congreso en Buenos Aires, y las plazas principales de decenas de ciudades en toda Argentina, comenzaron a colmarse. Lo que había nacido como una convocatoria urgente en las redes sociales, empujada por la indignación y el dolor ante una sucesión de femicidios brutales, se convirtió en un hito insoslayable en la historia reciente: el primer “Ni Una Menos”.
El catalizador de aquella movilización masiva fue el asesinato de Chiara Páez, una adolescente de 14 años, en la provincia de Santa Fe. Su caso, junto con tantos otros que se acumulaban en las crónicas policiales, fue la gota que rebasó el vaso. Un grupo de periodistas, activistas y escritoras lanzaron la consigna en Twitter, y la respuesta social superó cualquier expectativa. Mujeres, hombres, familias enteras salieron a la calle con un reclamo unificado, el cese de los asesinatos de mujeres por el solo hecho de serlo.
A once años de aquella fecha fundacional, el grito de “Ni Una Menos” resuena con la misma fuerza y ha trascendido las fronteras, inspirando movimientos similares en toda América Latina y el mundo.

El impacto de una movilización histórica

El 3J de 2015 marcó un punto de inflexión en la agenda pública y política argentina. La violencia de género dejó de ser considerada un asunto del ámbito privado o un mero tema policial para instalarse definitivamente como una problemática de Estado y de derechos humanos.
Entre los principales logros del movimiento a lo largo de estos once años se destacan: Visibilización y concienciación social: Se logró desnaturalizar la violencia machista en sus múltiples formas, no solo la violencia física y extrema, sino también la violencia psicológica, económica y simbólica.
Creación de registros oficiales: Antes de 2015, las estadísticas sobre femicidios eran llevadas adelante principalmente por organizaciones no gubernamentales. La presión social obligó al Estado a crear el Registro Nacional de Femicidios.
Legislación y políticas públicas: Se impulsaron leyes fundamentales, como la Ley Micaela (que establece la capacitación obligatoria en perspectiva de género para todas las personas que integran los tres poderes del Estado) y avances en materia de derechos sexuales y reproductivos. Fortalecimiento de las redes de apoyo: La consigna generó una red de contención y sororidad que permitió a miles de mujeres romper el silencio y denunciar situaciones de violencia.

Las deudas pendientes y los desafíos actuales

A pesar de los innegables avances socioculturales y legislativos, la cifra más dolorosa se mantiene constante. Los registros anuales continúan mostrando que, en Argentina, una mujer es asesinada aproximadamente cada 30 horas a causa de la violencia machista.
Las organizaciones feministas y defensoras de los derechos humanos señalan que los desafíos actuales son complejos y urgentes:

Fallas en la respuesta judicial: Muchos de los femicidios ocurren tras denuncias previas, lo que evidencia la falta de protección efectiva y la necesidad de una reforma judicial con verdadera perspectiva de género.
Violencia económica y precarización: La desigualdad estructural y la falta de autonomía económica siguen siendo barreras significativas que impiden a muchas mujeres salir de los círculos de violencia.
Presupuesto y políticas efectivas: Se demanda un financiamiento adecuado para las políticas públicas destinadas a la prevención, asistencia y erradicación de la violencia.

Un movimiento vivo y en transformación

Hoy, el “Ni Una Menos” ya no es solo una movilización contra los femicidios; es un movimiento amplio e interseccional que articula reclamos por la igualdad laboral, el derecho al cuidado, la justicia ambiental y el reconocimiento de las diversidades sexo-genéricas.
Cada 3 de junio, las calles vuelven a llenarse. Ya no es solo el espanto lo que convoca, sino también la fuerza colectiva de quienes se niegan a retroceder en los derechos conquistados y continúan exigiendo vivir libres y sin miedo. A once años del primer grito, el eco del “Ni Una Menos” sigue siendo un mandato urgente e irrenunciable.

Ni Una Menos 2026: qué se espera de la marcha tras el femicidio de Agostina Vega

La movilización de Ni Una Menos prevista para este 3 de junio tendrá una fuerte carga simbólica y emocional. A 11 años de la primera convocatoria nacional, el femicidio de la adolescente cordobesa Agostina Vega se convirtió en el principal eje de los reclamos y podría transformar esta edición en una de las más masivas de los últimos años.

Organizaciones feministas, sociales, estudiantiles y de derechos humanos anunciaron marchas en distintas ciudades del país. En la Ciudad de Buenos Aires, la convocatoria central será frente al Congreso Nacional bajo la consigna “Vivas, libres y desendeudadxs nos queremos”, mientras que en Córdoba habrá una movilización específica para exigir justicia por Agostina Vega.

El caso que conmocionó al país

El asesinato de Agostina Vega, de 14 años, provocó una profunda conmoción social y reactivó el debate sobre la violencia de género, la respuesta estatal y el funcionamiento de los mecanismos de prevención. Diversas organizaciones sostienen que el caso expuso fallas institucionales y renovó los reclamos de justicia.

Los principales reclamos

Entre los puntos que se espera que dominen la jornada figuran:
 Justicia por Agostina Vega y por las recientes víctimas de femicidio.
 Mayor presupuesto para políticas de prevención y asistencia.
 Fortalecimiento de los sistemas de búsqueda de personas desaparecidas.
 Protección efectiva para mujeres, niñas y adolescentes en situación de riesgo.
 Rechazo a los discursos que minimizan o niegan la violencia de género.
 Reclamos por la continuidad de programas y organismos especializados.

Un clima de fuerte tensión social

La marcha también se desarrollará en un contexto de fuerte polarización política. Sectores del movimiento feminista cuestionan los recortes y cambios impulsados por el Gobierno nacional en áreas vinculadas a género y diversidad, mientras que otros actores plantean debates sobre la efectividad de las políticas implementadas durante los últimos años.

Un nuevo 3J marcado por la indignación

Once años después del primer grito colectivo que surgió tras el crimen de Chiara Páez, el femicidio de Agostina Vega vuelve a colocar a la violencia contra las mujeres y niñas en el centro de la agenda pública. Las organizaciones convocantes esperan una amplia participación ciudadana y anticipan una jornada atravesada por el reclamo de justicia y la exigencia de respuestas concretas del Estado.
“Ni una menos, vivas nos queremos” volverá a ser la consigna que unifique las movilizaciones en todo el país.

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