La Confederación General del Trabajo confirmó una nueva demostración de fuerza en las calles: el próximo 30 de abril llevará adelante una marcha y movilización que promete tensar aún más el clima social y político en la Argentina.
La central obrera definió la protesta como una respuesta directa al rumbo económico del gobierno de Javier Milei, en medio de un escenario marcado por la caída del poder adquisitivo, despidos en distintos sectores y el avance de reformas que impactan de lleno sobre los derechos laborales. “No hay margen para la pasividad”, deslizaron desde la conducción sindical, dejando en claro que la calle vuelve a ser el territorio de disputa.
La movilización se realizará en la antesala del Día Internacional de los Trabajadores, una fecha cargada de simbolismo histórico para el movimiento obrero, y se espera una convocatoria masiva que incluya a gremios industriales, estatales y organizaciones sociales.
El mensaje es inequívoco: la conflictividad escala y el sindicalismo busca reposicionarse como actor central frente al ajuste.

Puertas adentro, la decisión también expone la necesidad de la CGT de recuperar protagonismo en un contexto donde las bases presionan por medidas más contundentes. La protesta del 30 no sólo apunta contra el Ejecutivo, sino que también funciona como una señal interna: el tiempo de la cautela parece agotarse.
En la Casa Rosada, en tanto, observan con atención el movimiento. Si bien el gobierno ha insistido en que no dará marcha atrás con su programa económico, la creciente movilización social abre interrogantes sobre la gobernabilidad y la capacidad de sostener el rumbo sin costos políticos mayores.
Así, el 30 de abril no será una fecha más. Será, en los hechos, una nueva prueba de fuerza en la calle, donde se medirán no sólo consignas, sino también el pulso real de una sociedad que empieza a mostrar signos de fatiga frente al ajuste.





